Uno podría preguntarse ¿por qué una práctica tan menospreciada es reconocida el 28 de abril en el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo? ¿Por qué un área diseñada para mantenernos a salvo se ha convertido en víctima de tal odio?

“En los últimos años ha habido un crecimiento en los mitos, historias que no tienen nada que ver con la salud y la seguridad real, pero sí más que ver con la aversión de responsabilidad”, explica Richard Jones, director de política de la firma británica Institución de Seguridad y Salud Ocupacional (IOSH).

Jones se refiere a cuentos como el de los alumnos a los que se les prohíbe jugar con los yoyos porque uno alcanzó un joven y lo dejó inconsciente. “La salud y la seguridad ahora se han convertido en una etiqueta de gran alcance, donde se cataloga cualquier cosa como ‘sobreprotectora’. Sin embargo, la salud laboral busca salvar vidas y prevenir lesiones“, añade Jones.

Sin embargo, para instigar esta crisis de imagen de la industria de la seguridad, todavía hay regulaciones extrañas que merecen un montón de burla, como revela el libro “En aras de la seguridad”, de Michael Hanlon y Tracey Brown.

Aquí, los autores cuentan cómo a Patrick Smith, un piloto de una línea aérea comercial de Estados Unidos, se le “impidió llevar un cuchillo de mantequilla a bordo del avión que estaba a punto de volar a través de los Estados Unidos. El hecho de señalar que pronto tendría bajo su control de un gran trozo de metal y varios miles de galones de kerosene viajando a 500 millas por hora no tuvo ningún efecto“.

Mientras que es fácil despedir ciertas reglas arbitrarias, la seguridad laboral tiene como propósito salvar vidas. “Todavía tenemos estimaciones serias en términos de lesiones y enfermedades”, dice Valentina Forastieri, especialista en salud laboral en la Organización Internacional del Trabajo de Ginebra, Suiza.

La OIT estima que el número de muertes anuales por accidentes de trabajo ascienden a 2,3 millones, mientras que más de 330 millones de trabajadores sufren lesiones no mortales”, dice Forastieri. La cifra humana es claramente chocante, al igual que los costes para las empresas: “Estamos perdiendo cuatro por ciento del producto interno, lo que equivale a $1.25 billones de dólares”.

Para abordar esta cuestión, la OIT promueve la prevención más que la penalización de la parte culpable, una política que contrarresta la cultura “culpa y demanda” impulsada por los bufetes de abogados de lesiones personales cuyo lema es el “si no ganas, no te cobramos”. “Necesitamos capacitar a las empresas para que hagan frente a los riesgos desde la base del problema. Una aproximación temprana puede evitar que los trabajadores queden gravemente enfermos“, dice Forastieri.

La educación debe, en cierta medida, poner freno a los reclamos y las ideas erróneas del público, pero los riesgos laborales están en constante evolución. “El estrés, la depresión y el agotamiento son los nuevos problemas de salud y seguridad a los que necesitamos hacer frente”, reconoce Forastieri.

La autoconservación humana es, por supuesto, el centro de la salud y seguridad; como dice Jones, del IOSH, “la salud y la seguridad permite a las personas a mejorar sus vidas y mantenerlos seguros y saludables en el proceso. Ciertamente no trata de papeleo sin sentido, prohibiciones absurdas o echar a perder días de deporte“. Así que tal vez deberíamos considerar la salud y la seguridad como el árbitro de fútbol en el lugar de trabajo, quien se asegura de que todos juguemos bajo las reglas por el bien del propio juego. Pero, ¿a quién le gustan los árbitros?